Entrevista de Begoña del Teso

Begoña intrigada por nuestro acto vandálico vino hasta Hendaya y nos hizo una entrevista que nos gustó mucho.

Sabemos quiénes son. Dónde viven. A qué se dedican. Tenemos sus teléfonos y sus correos. Hemos charlado con ellas a cara descubierta en los bares Chez José y L’Hendayais. Hemos estado juntas, sin capuchas tricotadas, en la rotonda de Irandatz, en Hendaya, cerca de la ikastola, donde la Rue du commerce se cruza con la de Les Allées y un supermercado pequeño te lleva hacia el gran Champion. Es decir: son reales, existen y a pesar de su nombre guerrillero, de sosas no tienen nada.

Se llaman Sosa’s Projecten plan acrónimo de sus nombres auténticos. Una pinta, la otra diseña. Las dos son de aquí y viven allá. Las dos crochetean. Como miles de activistas de todo el mundo. Quedamos la mañana siguiente de su primera acción: recubrieron de anémonas, estrellas de mar y algún que otro artilugui fálico-lanudo-la tinaja colocada en el jardín de la rotonda. Todo sujeto por una auténtica red de pesdador. De pescador Hendayés.

AGUJA Y LANA. Yarn Bombin, Yarn Storming: Dicen que todo empezó allá por 2004. En los países Bajos. Y casi simultáneamente en Texas, Liverpool, Amsterdam y Australia. Árboles, monumentos, mobiliario urbano, puentes, vehículos empezaron a aparecer tricoteados de la noche a la mañana. Enfundados, en envueltos en lana de colores. Era, es, ilegal pero también confortable y juguetón.

En estos momentos segun certifica vuestra página de facebook hay 162 personas hablando de vuestra acción hendayesa. – ¿en https//www.facebook.com/pages/post-graffiti/352635588092840? ¡Que bien! Y eso que seguidores tenemos más. El día de nuestra intervención (1 de abril) había 203 personas en nuestra cuenta.

– ¿Salisteis en las páginas del diario “sud-Ouest”? No en primera, pero casi. – Y nos trataron muy bien. Nos llaman artistas. Respetan nuestro anonimato, comentan que hemos puesto de buen humor a más de un conductor, a más de un paseante, a más de un vecino y dejan muy claro que nuestra manera de arte urbano está bien lejos del vandalismo. Y eso que no saben que incluso mandamos un escrito a la municipalidad de Hendaya para avisarles de que íbamos a llevar a cabo nuestro proyecto.

– ¡Activistas de verdad de la buena! Hasta con comunicado a las fuerzas vivas del lugar. Raro que no mandasen a los CRS o a la guardia republicana para pillaros. – Ni pensarlo. Porque nos cuidamos mucho de decir dónde actuaríamos y lo hicimos después de que la poli hiciera su ronda de medianoche. Aparte, como bien aparece en todas las páginas sobre Yarn Storming…

¿Perdón? – Esta forma de intervención urbana recibe el nombre de “Yarn Storming” o “Yarn Bombing”.

– Ahhhh. – Aunque para entendernos, podemos hablar de grafiti de ganchillo, grafiteras del punto o crocheteras.

– Mejor. – Como te ibamos diciendo: en todas las páignas que la red dedica a nuestras acciones; en “The Guardian”, “USA Today” O “The New York Times” y también en todas las intervenciones de “Deadly Knitshade”…

-¿”Sombra letal del ganchillo”? suena bien pero… ¿qué/quién es? – Una de las grandes del crocheteo, Lauren O’Farrell. De Londres. Creo un colectivo que se llama Knit the City”, “ganchillea la ciudad”, por decirlo de algún modo. Seguimos: todos tienen muy claro que nuestras acciones no son violentas o destructivas. Claro que vamos encapuchadas y nos gusta la clandestinidad. Claro que somos inoportunas pero la lana le da a nuestra actividad un punto mullidito y hasta ecológico. Aparte de que, mayormente, las crocheteras intervenimos sobre elementos anodinos y ridículos del mobiliario urbano y les insuflamos vida y color. Puede que todo sea efímero pero logramos que esa rotonda, esa tinaja cobren protagonismo.

– Para vosotras esa aventura comenzó a la vuelta de Turquía… – Exacto. Una de nosotras quedó extasiada antes las “oyas”, los trabajos de ganchillo de las mujeres turcas. Adornan su ropa pero también indican su estado de ánimo. Nos pusimos a crochetear en casa. No nos salió nada parecido, pero la mecánica del punto, el uso de la aguja y el tacto de la lana nos enganchó a tope. Tanto que íbamos pronto a la cama… ¡para hacer ganchillo! de ahí a descubrir el yarn storming fueron tres días. Unas cuantas semanas para idear la acción. Ni un segundo para líar a las amigas (hasta en la Mancha han tricoteado para lo de Hendaya). Un día para comprar capuchas a un euro. Y ya está: ¡Intervención!

‎- ¿Pasaréis a este lado del Bidasoa? – ¿Conoces algún guerrillero al que no le guste vadear los ríos para cumplir una misión? Crochetearemos por Irún, Hondarribia y… Donosti.

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